Un niño tiene su primera cuenta antes que su primer móvil: un juego, una plataforma educativa, un servicio del colegio. La contraseña de ahí la inventa normalmente un adulto en tres segundos y se repite en todas partes, que es justo el hábito que se queda para toda la vida.
Por edades
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Hasta los ocho: la contraseña la lleva un adulto
El niño no necesita conocerla. Las cuentas las crea un adulto, las compras están bloqueadas y el aparato se usa en una sala común.
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De ocho a once: la primera contraseña propia
Aquí una frase de paso funciona mucho mejor que caracteres al azar: cuatro palabras se recuerdan a la primera y se teclean sin sufrir. Deja que el niño elija entre varias opciones generadas: eso es lo que la hace suya.
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De doce a quince: gestor y segundo factor
La edad en que el número de cuentas supera a la memoria. Un plan familiar en un gestor lo resuelve, y el segundo factor se explica mejor con una cuenta de juego, donde el valor es evidente.
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Dieciséis en adelante: su propio baúl
Las contraseñas dejan de compartirse con los padres. Es normal y conviene decirlo en voz alta en lugar de dejar que ocurra en silencio.
Qué explicar y cuándo
| Idea | Cómo decirlo | Desde qué edad |
|---|---|---|
| Una contraseña no se comparte | «Ni con tu mejor amigo: las amistades cambian, la contraseña se queda» | 8 |
| Contraseñas distintas en cada sitio | «Una llave para todas las cerraduras significa que una llave perdida lo abre todo» | 8 |
| Lo gratis no es gratis | «Nadie regala moneda de juego a cambio de que entres» | 9 |
| Un enlace de un amigo sigue siendo un enlace | «Si abre una página de acceso, es que han hackeado a tu amigo» | 10 |
| Nada se borra para siempre | «Lo que envías lo puede guardar el otro lado» | 11 |
| El segundo factor | «Una segunda cerradura, para que la contraseña sola no baste» | 12 |
Qué no hacer
- No uses fechas ni nombres de la familia. Una contraseña infantil como «Rex2015» es la mascota más el año de nacimiento: se encuentra con una mirada a tus redes.
- No uses la misma contraseña para toda la familia. Cómodo hoy, y una filtración alcanza a todos.
- No leas sus mensajes a escondidas. Se descubre, y lo que sigue es una segunda cuenta de la que no sabes nada — por qué el control tiene límites.
- No castigues el primer error. Ese es el precio de enterarte del segundo.